lunes, 27 de julio de 2015

Europa en el borde del precipicio

Él y ella vivieron dos días abrazos en la oscuridad de la habitación. Durante aquel fin de semana se prometieron viajar a una ciudad desconocida de Europa, lejos de sus vidas. 

A media noche él buscó la mano de su amante, había soñado con un precipicio en lo alto de una montaña en el que ambos desaparecían empujados por el horizonte.

A la mañana siguiente se despidieron en la estación y él volvió a casa. Ella había escondido una postal en el mueble del salón, un lugar hacia el que siempre miraban cuando estaban juntos. 
La postal era un fotograma de la película "Identificación de una mujer" y mostraba a una pareja abrazada que resplandecía entre las sábanas.

Sobre el dorso de la imagen ella predijo el horizonte de los dos:

“Estos días me han llenado de luz e ilusión para nuestro futuro, donde sea”.   

sábado, 21 de marzo de 2015

Desde algún lugar

Te escribo desde algún lugar de Europa, Nicholas Ray solía decir que “nunca volveremos a casa”. 
Quizás, el tiempo nos ayude a olvidar o a recordar lo que se ha ido, lo que no volverá O quizás, sencillamente, no volvamos a tomarnos demasiado en serio sus palabras. 

Pero a ti no puedo mentirte. Siento que la mayoría del tiempo necesitamos el cine como una excusa para poder acercarnos a la vida. 

Madrid, 21 de marzo de 2015.


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domingo, 15 de septiembre de 2013

El tiempo pasa doloroso y lento.

Madrid estos días suena igual que la canción de Nacho Vegas.






domingo, 8 de septiembre de 2013

Un amor tan claro

Brindo este amor, un amor tan raro
Brindo este amor, un amor tan claro
Brindo este amor, un amor tan derepente
Brindo este amor, un amor tan diferente

Como la osita en un mar, un elemento nuevo pa jugar

Brindo este amor, que me llena de esperanza
Y Brindo a esa luz alla en la distancia

Venga colibri despierta a la Diosa
Que canta a ti y a mi su cancion preciosa

Brindo todo lo que quiero dar
A todo que esta a punto de empezar

Brindo este amor, que nunca se demora
Solo el hospital esta abierto a esta hora

No pienso en ti, solo te siento pasando por mi 
Como el dulce viento

No pienso en ti, solo te siento pasando por mi 
Como el dulce viento.




viernes, 6 de septiembre de 2013

Seis años antes

"El deseo nos fuerza a amar lo que nos hará sufrir" (Marcel Proust)

Seis años en Madrid.


martes, 3 de septiembre de 2013

La mujer desaparecida, el diablo y la muerte

 Este texto se escribe por acumulación. Una sucesión de imágenes se han ido fragmentando con el tiempo hasta descomponerse. Puede que hayan perdido su valor inicial, o que por el contrario, sea el propio devenir de los años; y los cambios que éste introduce por azar en nuestras vidas; el que las haya desordenado resituándolas a su antojo. Puede que aquellas imágenes, incluso, adopten diferentes connotaciones.

Quizás, esta sensación de tristeza que me atraviesa en estos días de final del verano se vea alimentada en gran medida por la relectura de algunos pasajes de la obra de Proust. 
Una de las tesis que extraigo de sus novelas es la de la mujer como eterna fugitiva. La mujer que cansada de su alrededor decide desaparecer para comenzar de nuevo.

Mentiría si no dijese que la palabra desaparición ha provocado en mí una extraña atracción que ha ido creciendo en el curso del tiempo. 

Recuerdo que de niño, en la misma época en la que insultaba a Dios en sueños, mis padres se referían a los muertos como “desaparecidos”. Y pienso, volviendo a Proust, que la fugitiva que describe toma la forma de una mujer fantasma, consciente a su vez de que ésta no va a volver jamás aunque se muestre reacio a aceptarlo.
La hipótesis sobre su muerte cobra sentido si vinculamos esta idea con la desaparición de una persona; posibilidad que el propio Proust llega a plantearse en algún pasaje de “La fugitiva” ante la huida de Albertine.

He de decir que la muerte (o la desaparición) ha marcado mi vida desde una edad temprana. Así fue como a los seis años comencé a obsesionarme con los familiares y amigos que dejaban de frecuentar a mis padres. Aquello me perturbaba y solía preguntarles con cierto temor.
En la mayoría de los casos, lamentablemente,  mis expectativas se veían cumplidas con la cerelidad en la que mis padres intentaban suavizar mi miedo:  

- Ha desaparecido. 

Años más tarde intenté convivir con  la muerte hasta que la respuesta se vio alterada modificando mi relación con la propia hipótesis que yo mismo me había formado.

En mi casa ya no eludían la tristeza:  

- Ha muerto. 

Comencé a darme cuenta de que aquellas personas no sólo habían desaparecido, y por lo tanto,  la posibilidad de que volviese a verles sería remota.
Me pregunto si no comencé a insultar a Dios la primera vez que se me pasó por la cabeza que, efectivamente, alguien podía llegar a desaparecer de mi vida (por completo)

De aquella época recuerdo una casa antigua, un pasillo largo y estrecho, y una habitación. De la pared en la que se apoyaba el cabecero de la cama colgaba un Cristo crucificado. El día  que mi abuelo desapareció de aquella estancia fue quizás el día que más insulté a Dios. 
Insultaba a Cristo continuamente, para luego, esconder el crucifijo que presidía el cuarto de mi abuelo.
Una noche me levanté de la cama llorando y se lo conté a mi madre pensando en que si no lo confesaba podría ir derecho al infierno.

Pero aquellos sueños no han vuelto a manifestarse hasta hace tres semanas. 

Me encontraba de vacaciones en la playa y sentía que algo perturbaba mi tranquilidad hasta que, curiosamente, una noche el diablo se coló en uno.   

En mi sueño el demonio me persigue por una ciudad desierta, puede que Madrid, aunque no logro identificarla con claridad. Intento darle esquinazo con la esperanza de poder enfrentarme a él más adelante cuando mis energías estén recuperadas. El final del sueño termina con una conversación amistosa entre los dos mientras nos tomamos una copa en lo alto de un gran estercolero. 
Puedo sentir la muerte entre los escombros de una montaña formada por cadáveres apilados y basura putrefacta. Y a pesar de la larga charla que mantengo con el diablo, no soy capaz de recordar ni una sola línea de aquel diálogo.

En cambio, sí soy capaz de recordar mi propio rostro, burlándome de él y reconociéndome en aquel niño que una noche, llorando, insultaba a Dios con todas sus fuerzas.

martes, 12 de julio de 2011

12 de junio de 2011

Un recuerdo,
es la imagen de un sueño.

De una hora demasiado breve,
que no quiere morir.


miércoles, 9 de junio de 2010

El hombre de hielo

(...)Mi calor se ha ido muy lejos; en ocasiones olvido que existió alguna vez. En este sitio soy la persona más solitaria del mundo. Cuando lloro, el hombre de hielo besa mi mejilla y mi llanto se endurece. Toma las lágrimas congeladas y se las lleva a la lengua.
—¿Ves cuánto te amo? —murmura.
Dice la verdad. Pero un viento que sopla desde ninguna parte arrastra sus palabras blancas hacia atrás, rumbo al pasado (...)




martes, 23 de marzo de 2010

El recuerdo de un recuerdo.

Algo termina porque las cosas pesan demasiado como para soportar la cadencia de una mirada, de una voz o de un gesto. Entonces ese instante que ya es presente histórico en nuestra memoria se llena de huecos, de pequeños baches como cuando de pequeños caminábamos hasta tropezar con algo y caíamos al suelo no sabiendo muy bien por qué.

A partir de ahí recordamos las cosas a nuestra manera en un intento frustrado por inscribir el pasado, un acontecimiento, una palabra o un gesto en el presente cotodiano. Así una imagen puede ser el eco de otra imagen, transfigurando las imágenes sucesivas hasta contaminar la visión de nuestra realidad más cercana. Al final el resultado es el de una imagen recuerdo. Y el tiempo caprichoso, adquiere la cadencia de una voz, de un gesto o de una mirada en un instante preciso. La definición del tiempo es por lo tanto la definición de la melancolía; siempre implacable cuando sentimos que está ya inscrita en el presente de lo cotidiano, y siempre avivada ante el esfuerzo de reconstruir nuestra existencia, sistematizando al propio proceso que constituye recordar.

Y los gestos, las miradas son muchas veces los lugares de esos gestos. Y la realidad tan fugitiva como éstos.

domingo, 14 de febrero de 2010

Dos años antes

Me miro y no me reconozco
Vampirizado por mi propia película.

jueves, 17 de diciembre de 2009

Apuntes para memoria y utopía

Despertar en medio de un sueño profundo, y recordar que una imagen es echar de menos un determinado instante, y que los caminos, las gentes son tan fugitivos como los años. Despertar para vivir de nuevo un recuerdo, una mirada, un gesto o aquella película que encierra una verdad compartida por nuestra experiencia. El visionado de un filme se convierte es un aprendizaje más. Y tiene que partir de la experiencia de lo real, y de la fe que se crea a partir de lo real, parafraseando a Victor Erice. Por eso, cuando hacemos una película ponemos en imágenes la consecuencia lógica de nuestra experiencia, y el resultado no es más que una búsqueda sincera de ese conocimiento expresado en imágenes. Cuando terminamos podemos sentir que hemos fracasado, que no hemos indagado lo suficiente en esa búsqueda, que por cierto, no resulta muy agradable en algunos casos. Si el cine es una expresión más de lo real, como un gesto, como un recuerdo, esa imagen puede fijarse en una plano y pervivir para siempre. Lo tiene que hacer de forma calculada sin olvidarnos de lo aleatorio (volviendo a Erice). Y En el equilibrio entre el cálculo (el tamaño de un plano, por ejemplo) y el azar (el gesto de un actor que surge de forma espontánea) está el resultado. A menudo pienso en Ford, un maestro en elaborar primeros planos que conjugan las expresión de lo real con todo lo que el azar implica en ese territorio de lo real.
Hacer cine es como si en la orilla del mar dejásemos la huella de nuestro pie, y las olas no fuesen capaces de borrarla. En cambio, otras veces se hace una película para que algo o alguien nos pertenezca, por ejemplo un personaje que encarna un ser real. Esto tiene que ver con el afán de posesión al fijar en un plano algo que como he dicho, perdura. Es una manera muy autodestructiva de hacer las cosas; pero siento que no hay otra. Y no hay nada peor en esta vida que hacer cine sin llegar a saber la razón real de hacerlo.
Muchas de las películas que he visto en mi vida forman parte de mi experiencia y han sido tan importantes como un lugar o una persona y lógicamente recurro a ellas, las cito sin pudor e intento dialogar como lo hago conmigo mismo porque entiendo que el cine es un diálogo de formas establecidas en un tiempo y nuestra mirada discurre allí mismo donde dejamos la huella en la orilla de la playa para que no se la lleve la corriente. Para que en definitiva, los años no sean tan fugitivos como la memoria.

sábado, 28 de noviembre de 2009

viernes, 30 de octubre de 2009

Feliz de ser un infeliz

He iniciado la búsqueda de mi propia imagen. Aquella que se define no como la imagen justa, si no como “justamente una imagen”. En mi propia obsesión por encontrar y poseer justamente “La imagen” más allá de un sueño, tu rostro me trajo un recuerdo que remite al movimiento de un péndulo. Se repite en mi memoria llevándome al abismo del pasado como las horas que pasan inadvertidas en los relojes que cuelgan en las casas deshabitadas de los pueblos. Se trata de tu foto. He rastreado mis signos del pasado y encontré tu foto en un cajón; entre esos signos que te pertenecen y que configuran mi angustia. Has permanecido escondida pero no ajena a las historias y relatos que conforman poco a poco mi Historia personal. No se trata de tu historia si no de la HISTORIA que rodea tu relato, parafraseando Godard. Y ahora, la historia de tu relato se ha bifurcado transversalmente hasta chocarse con mi Historia, una vez más.

Por eso parte de tus signos me pertenecen. Son mi obsesión. Nos aproximamos a las imágenes por el sentimiento de pertenencia que tenemos hacia ellas y porque precisamente ninguna nos pertenece. Todas valen lo mismo y todas remiten a ese espacio donde la vida transcurre en diferentes tiempos. Por eso sé que corro el riesgo de no completar tu imagen nunca. Pero tranquila, no me acercaré más a ti. He aprendido a diferenciar; tengo claro que mi deseo de posesión sólo está en ese el lugar imaginario que rellenamos con relatos anodinos de sueños y vagos recuerdos

martes, 13 de octubre de 2009

Una hora contigo

11 de marzo de 2004

Voy a cerrar los ojos para ver si así me concentro mejor. Cuando era niña cerraba los ojos para alejar los malos pensamientos. Me gustaría que ahora estuviésemos abrazados como los amantes de “Hiroshima mon amour“, ajenos a lo que ocurre aquí fuera. Hoy como aquellos dos amantes, yo no he visto nada. No me ha dado tiempo. Sólo me ha dado tiempo a pensar en ti. Ni siquiera he pensado en Manu. Y es que mi memoria, tan extraña hace que vuelva en un intento proustiano de abrazar un segundo para encarrilar en el presente aquella sensación que reverbera durante la prolongación de los que llamamos recuerdo. El dolor Manuel hace que abracemos otras cosas, y a veces nos engaña para querer y no querer o querer menos de lo que desearíamos.
Es curioso porque ahora, tumbada en la calzada y boca arriba veo como se oculta el cielo entre las nubes. Inerte. Para ver si así reaccionas de una vez y te tumbas conmigo; para que estemos siempre juntos. Abrazados. Prometo que no me iré nunca más y que cuidaré el resto de mi vida de ti. Igual es que hay demasiada gente mirando, pero no te preocupes, estoy acostumbrada a disimular. Es mi trabajo. Tu inventas emociones y yo hago que parezcan reales. Quisiese escuchar tus pasos, como cuando entrabas en nuestro cuarto y me hacia la dormida. No seas tonto, no ves que no nos ve nadie…. Es sólo cuestión de practicar un poco. Intento hacer desaparecer el dolor; este es muy distinto, es difícil de explicar porque no es el dolor que provocan los recuerdos. Maldita memoria. Me duele irme así, sin que vuelvas a tumbarte a mi lado y volvamos a hacer el amor.
Los gritos de la gente. Hay demasiada gente. Es tan difícil amar así…
Si el mundo fuese un lugar mejor no podríamos estar juntos porque ya no seríamos dos contra el mundo. Voy a cerrar los ojos e intentar concentrarme en tus pasos. Quiero escuchar tus pasos y que tus labios se junten de nuevo con los míos. Esperando ver tu reflejo en mis ojos.
Confía en mí. No olvides que soy actriz. Mi trabajo consiste en ser continuamente yo misma para el resto del tiempo poder ser otra persona. Pero hoy no estoy interpretando. Hay más público del que desearía, incluso para una función. Me he pasado los últimos tres años siendo otras persona y el resto de mi vida he buscando en cada momento el papel que debía interpretar.
El día que viajé lejos de Madrid lo hice para huir de todo. Hoy, de camino al teatro, en la estación de Atocha; donde comenzamos esta ficción he sufrido un accidente. No he tenido la culpa, a decir verdad no sé quién a tenido la culpa, no me interesa en absoluto conocer por qué la gente muere de esta forma y por qué otra vive para matar así. He visto morir de amor y de odio. Pero siempre es peor morir de lástima. Supongo que por suerte yo he muerto de amor y con el corazón rojo, como solías decirme. No importa porque igualmente iré a verte, si tu no te tumbas a mi lado, tendré que ir yo, antes de que el cielo se oculte del todo y comience a llover.
No le he dicho a nadie que llevo en España todo este tiempo y que tenemos un hijo de tres años. Se llama Manuel, como tú; nació a los pocos meses de que llegase a Barcelona y buscase otro papel que interpretar. Pero sólo por poco tiempo. En realidad rechacé la beca y me quedé en España con la esperanza de que sacases adelante tu talento como dramaturgo. No quería que nada se interpusiese en tu vocación y en tu futura profesión; y menos un niño. Por eso he decido mentirte y esperar, porque sabía que sacarías adelante “El cielo entre las nubes” en la que llevabas trabajando más de seis años. ¿Cómo iba a impedirte cumplir tu sueño?
No he sabido nada de ti en tres años. Es muy doloroso escuchar la voz de la persona que más quieres al otro lado del teléfono sin poder decirle que compartes un hijo con él. Hoy cumples treinta años y este iba a ser mi regalo: nuestro hijo pequeño.
No he tenido el valor de decírselo a nadie. Cuando me fui de Madrid a Barcelona, una ciudad ajena a mí, tuve que rehacerlo todo. Trabajé durante meses en una productora de cine gracias a un contacto y luego estuve de baja por maternidad cuidando de Manu. Esperando a que triunfases. Sabía que iba a llegar ese día por eso me fui lejos de ti. Y así poder volver contigo a Madrid sin interponerme en tu profesión una vez encarrilada del todo. Los últimos años de nuestra relación te habías vuelto muy egoísta, ¿Sabes? Te encerrabas mucho en ti mismo: en tus relatos… en la escritura de guiones… Hasta olvidarte por completo de mí. ¿Puede oírme Manuel? Nunca hemos estado tan cerca y a la vez tan lejos….Aunque yo sé que me querías como nadie y los sigas haciendo; aunque ahora sólo pueda oír los gritos del gentío y el llanto de los niños que se han quedado huérfanos. Sé que desde algún lugar alguien me dice -Te quiero.
Estoy intentando cerrar lo ojos para que se vayan todos y nos volvamos a quedar solos. Dame un poco de tiempo, no seas tan impaciente. Tienes que perdonarme. Porque sé que me quieres más que a nadie en el mundo…..Sé que es difícil pero quiero que entiendas que me concedieron la beca y aparecieron las náuseas. Al principio pensaba que era por los nervios de abandonarte, irme fuera de España me aterraba y más a una chica de provincia como yo a la que la Gran Vía le parecía como estar en La quinta Avenida. La angustia y el temor de perderte podían más que mi vocación como actriz. Luego me di cuenta que la espera y la soledad a veces son más fuertes que la voluntad y me costaba controlar mis emociones, entonces me daban ganas de coger el teléfono y llamarte.
¿Estás ahí? Preguntaba desde mi cama.
Y el silencio y la oscuridad hacían que mis nervios fuesen más opacos .
¿Te acuerdas cuando me hacía la dormida y tu entrabas en la habitación y te tumbabas en la cama y luego ibas besándome lentamente hasta que hacíamos el amor?…
Sueño a menudo con eso. Estoy tumbada como ahora, pero con los ojos muy abiertos, recostada del lado contrario a la puerta, que permanece abierta. Entonces te oigo entrar, escucho como tus pasos lentos se aproximan poco a poco hasta entrar en el cuarto en penumbra, y la luz mortecina de la noche clara irrumpe por la ventana y empapa con su gris azulado mi cama por la que se desliza tu cuerpo. Allanas mi intimidad con tus labios en mi espalda y vas subiendo hasta tocar pausadamente mi cuello. Sonrío y nos besamos; poco a poco tus manos frías se van deslizando por mi vientre hasta entrar en calor. Y hacemos el amor lentamente como si fuese la primera vez y no quisieses lastimarme. Apasionadamente yo jadeo y luego el silencio da paso a un gemido mucho mas fuerte, es el llanto de un niño que entre mis brazos llora de forma desconsolada

Ahora tumbada en la calzada y boca arriba compruebo como desde la estación de Atocha también se puede ocultar el cielo entre las nubes, y lo hace de la misma forma que cuando vimos llover desde el tranvía ¿Lo recuerdas Manuel? Quiero sentir tus pasos acercándose y que tus labios se junten con los míos. Déjame sentirlos por última vez. Estoy apretado los ojos con fuerza para que se vayan los gritos, los sonidos perturbadores y el gentío. Para que nos quedemos de una vez solos tu y yo con la luz mortecina que irrumpe desde el cielo en nuestro cuarto... Con los pocos rayos de sol que emergen de entre las nubes…

Sólo quiero que te tumbes a mi lado como cuando me hacia la dormida esperando a que llegases para ver por última vez tu reflejo en mis ojos.

jueves, 17 de septiembre de 2009

Autorretrato de una vida tranquila

Meses de descanso, por fortuna, y sólo interrumpidos durante los fines de semana que terminan la mañana del domingo.

Tranquilo veo pasar el tiempo delante de mis ojos. Unas veces fugaz; otras sintiendo que un segundo se prolonga hasta ser capaz de dejar grabado en mi memoria el transcurrir de todos los acontecimientos que en ese segundo han determinado lo que seremos el día de mañana.
He visto rostros de mujeres que vienen y van. Las que no conocemos suelen terminar siendo más interesantes que las que una noche se presentan delante de nuestros ojos. Estoy plenamente convencido de que el rostro de una mujer puede contener una mirada lo suficientemente interrogante como para hacernos preguntar el por qué de esa larga espera que define lo que solemos llamar soledad.

En alguna de esas noches en las que nuestra mirada descansa de todas las imposiciones estúpidas que rigen el comportamiento de la sociedad; en alguna de esas noches que vivimos apartados del mundo, ebrios y ajenos a la vida que dejamos escapar o que no podemos escoger porque no tenemos la suficiente libertad; o alejados simplemente porque la vida nos a negado la capacidad de elección... En una de esas noches, creemos por unos instantes ser del todo libres. Y nos damos cuenta que el tiempo a veces no vale nada o vale tanto o más que la libertad que le hemos otorgado a nuestra vida.

Alguna que otra noche he visto la intranquilidad de un ser aparentemente tranquilo. Pero sus ojos me decían que le habían negado la vida que los míos han tenido la suerte de vivir. También he visto la libertad de personas que se creen libres y sin embargo, viven sumidos en su propia endogamia creyendo que la ignorancia es la mejor elección.
Tener la capacidad de escoger significa tener libertad y para la libertad no sólo hace falta ser un “hombre libre”.

He presenciado la muerte tres veces. No sólo tiene nariz alargada y orejas grandes. No sólo se muere de cáncer; a veces también se muere de odio y de falta de amor. Incluso a veces, el amor hace que nos muramos antes para evitar el sufrimiento de la otra persona. Vi morir a una persona por amor y años más tarde vi morir a otra de compasión.
Amor y necesidad.
La necesidad hace que muchas veces el amor se convierta en compasión, y la compasión y el remordimiento van de la mano. Es peligroso porque la vida pasa a ser esclava de los actos, y puede que como decía Faulkner, “la suma de los acontecimientos sea la que determine la valía de un ser humano“.
Hay algo de cierto en esto, si no nadie moriría por amor; ni nadie moriría tampoco lleno de angustia y temor ante la propia muerte. Por eso la muerte, que a veces se presenta sin saber muy bien por qué, lleva consigo las llagas del tiempo que deforman nuestro cuerpo y termina por ser esperpéntica dejando en nosotros el signo de lo grotesco.

Me siento tranquilo porque sé que no sólo no soy del todo libre. Es el primer paso para ser más humilde y menos ignorante.

Llega septiembre y un mar de cambios se abre ante mis ojos que intranquilos intentan atrapar todo lo que circula delante de ellos, como si un segundo fuese la milésima parte del tiempo que rige mi vida. Creo que ahora lo único que vale ante mis tempranos ojos es lo que consigo ver por un cámara. Por eso todavía he visto muy poco y he vivido menos deprisa; porque el tiempo que rige mi vida lo ha hace para mi suerte, con mucha calma.

Y me he despertado con ganas de vivir y de soñar intensamente; y de seguir haciéndolo despierto con la suficiente cordura como para darme cuenta de que la vida no sólo la construyen los sueños.

miércoles, 16 de septiembre de 2009

Jacques Lu Cont

Su nombre real es Stuart David Price y se le conoce entre otras cosas por ser el productor de The Killers (esa banda de pijos malcriados que tienen ya poco que decir); haber trabajado como teclista de Madonna y como productor de algunos de sus temas mas pisteros; o ganar un grammy en 2004 por su remix de la canción It's My Life interpretada por No Doubt (atentos porque es muy serio lo que consigue)

Un verano, durante mi primera estancia en Ibiza, en la terraza de Space sonó el ahora archirepetido Four to the Floor de Starsailor (firmado con su aka Thin White Duke) la gente se puso loquísima... Y yo acabé tan enganchado a este tema que no tuve más remedio que escucharme todas sus remezclas. Stuart Price aka Jacques Lu Cont aka Thin White Duke tiene auténticos temazos, entre los que se encuentran encargos para Depeche Mode (Wrong, casi mejor que la original) o la mega escuchada Mr Brigthside.
Acaba de producir el album Human, lo último de The Killers, una bazofia de proporciones estratosféricas que dan ganas de ponerme "el cara al sol" cada vez que en alguna discoteca de modernos de Madrid se le ocurre al dj de turno pincharlo.
Pero el remix es otra cosa muy distinta porque en manos del genio francés toma otra consistencia...

En definitiva, Stuart produce mierda de la buena... Como dicen por ahí.



lunes, 31 de agosto de 2009

MICRORELATOS

Rescato dos microrelatos que tenía en el cajón almacenando polvo...



Su nombre está escrito en el tiempo

A través del agua veo como bailan todas las partículas de aire que bajan desde el cielo, de derecha a izquierda danzan sin cesar; provocándome vértigo. Mi silueta reflejada péndula en la misma dirección, como el reloj de pulsera de un soldado que va a la guerra. No deja de moverse, como si inequívocamente quisiese desplazarse hasta desprenderse de mí. Hasta perderse con las ondulaciones que se forman en el agua.
Mi imagen se desvanece, a contrarreloj; yo me vuelvo a mover para que mi sombra aparezca, como cuando era niño e intentaba pisarla con mis pies…
El polen vuela por el jardín, y el olor de los árboles me envuelve de nuevo hasta que me dejo caer entumecido en mi propio tiempo. En cualquier otro lugar, alejado.
En un tiempo sin memoria deposito mis pensamientos hasta hacerlos desparecer con las ondulaciones que se forman en el agua, hundiéndolos en lo más profundo de la piscina.

Ana huele como los árboles, como cuando coges una flor y te la llevas a la boca.

Miro el agua y dejo que sus piernas suspendidas en una milésima parte de segundo; suspendidas en lo que dura un parpadeo; se alejen hasta tocar la otra pared, para sentir del todo que un abismo nos separa de estar juntos.

Ana, no sé quien soy.


-Ya está otra vez, Te he dicho que no le dejéis que se queda ahí, no ves que se puede caer.

Ana huele como las flores.

-Estoy pendiente, no te preocupes.

Mueve su cabeza, mirando al cielo, que cubierto de nubes me anuncia una vez más que no volveré a sentir su olor como aquella noche.

-Papá, ¿estás bien?

Huele como las flores. Mi corazón late como los relojes de pulsera de los soldados que han perdido la guerra.

-Cada día está peor. Anda, vamos dentro.

Ana, no te vayas.



Su mano fría me coge, el olor se desvanece. Hubo un tiempo en el que no escuchaba el tic -tac. Pero luego ese sonido puede hacer desfilar el largo recorrido del tiempo que no se ha oído, que ha prevalecido en la memoria sin memoria. En un tiempo utópico yo soñé que bailaba con ella en algún lugar dentro de una piscina, y que alguna de esas partículas de aire que bajan desde el cielo hasta posarse en el suelo, entre la hierba seca, me traían algo más que su olor, y que una milésima parte de un segundo es el tiempo que determina un abismo.

Ana no te vayas.

-No me iré papá, yo siempre cuidaré de ti.







Treinta y uno de diciembre de
mil novecientos
noventa y nueve

…dedicado a “H” por conducir como un auténtico Tenenbaum.

La nochevieja de 1999 mientras León adolecía de insomnio yo intentaba no cerrar mis párpados al volante de mi viejo chrysler vision. Había concertado un par de bolos en una vieja discoteca del norte varios meses atrás para pinchar una sesión maratoniana que culminaría en un after a las afueras de la ciudad. La fiesta se iba a prolongar hasta el domingo bien entrada la tarde…Que mejor manera de despedir el año rodeado de una multitud de jóvenes enfurecidos y sedientos de música electrónica.
Cargué mi vieja maleta con un repertorio de artillería pesada, la variedad iba desde el techno Detroit hasta los sonidos más industriales de Birmingham…Pasada la media noche me puse al volante rumbo a Asturias, poco después de despedir el año con mis familiares.
Fue al llevar algunos kilómetros encima y al encontrarme en medio de la nada, en la oscuridad mas profunda y sólo interrumpida por los faros de mi viejo chrysler vision; cuando sentí que el silencio a veces nace de la tristeza y que a la tristeza se le puede poner el título de una canción.



Sonaba The Clash, y recordé que a en mis treinta años de vida había desperdiciado mucho y tomado demasiadas decisiones definitivas. Como la de subirme a un escenario para hacer bailar a una multitud enfurecida. Estaba seguro de haber vivido demasiado poco y muy intenso.

Por aquella época yo no paraba de recibir ofertas de los grupos de ocio más importantes a escala nacional. Un sábado por la noche llegaba a pinchar en Madrid y en Oviedo; en Barcelona y Santander. Me movía en mi propio coche, y en ocasiones viajaba a gastos pagados en aviones particulares y limusinas.

Pero la nochevieja del treinta y uno de enero de mil novecientos noventa y nueve decidí viajar por mi cuenta. No sabía muy bien por qué; quizá es debido a que me gusta sentir que todavía puedo ser lo suficientemente libre como para decidir estar sólo.
Me agradaba poder ver la carretera desnuda de tráfico; me hacía estar en una especie de limbo, en medio de un túnel del tiempo entre la nada y la materia que se forma de la nada. La oscuridad más absoluta donde sonaban The Clash y un viejo disco de Joy Division.

Pensaba que había vivido muy rápido y mal.

Que la vida está llena de elecciones más o menos importantes, y la suma de todas ellas nos define como seres humanos. -Un hombre es el resultado de sus actos, decía con frecuencia mi abuelo.

Recapacité durante un instante en las palabras de mi abuelo; antes de que volviese a sentir en mi mano que se aferraba con fuerza al volante sus dedos ancianos y llenos de vida.


Su aliento se apagaba en la oscuridad de la noche iluminada por los faros de los coches. Volé por encima del cielo, hasta donde cubren las nubes y toqué sus dedos como si fuese un personaje más de una pintura del Bosco.

En medio de la nada el silencio y sus palabras me llenaron de amargura.

Así, mientras León tenía insomnio y Asturias bailaba al ritmo imparable de Detroit, yo conseguí dormir profundamente.
Curado al menos de esa sensación de estar viviendo continuamente en el cielo que hay debajo del suelo.

jueves, 13 de agosto de 2009

Enamorados

"Two Lovers" es lo nuevo del siempre genial James Gray, realizador entre otras de la fascinante "La noches es nuestra", uno de los palimpsestos más bellos del policíaco; entre el Brian de Palma mas depurado y el neoclasicismo estilizado que caracteriza a Scorsese.
Es sabido que defiendo el uso del HD y más cuando se trata de revisitar viejos géneros, líneas más abajo hablo de como Coppola utiliza la alta definición para su "Tetro", superando sobradamente toda expectativa estética.
Aquí Gray vuelve al HD para contar una historia con sabor a melodrama: entre las calles de Nueva York transita el espíritu de "Noches blancas"de Visconti, célebre adaptacíón de la novela homónima de Dostoyevski, y lo hace de nuevo como en "La noche es nuestra", reescribiendo el género del melodrama. Lejos de Douglas Sirk, Gray hace gala de una puesta en escena poco común, descubriendo una gran manzana alejada de los clichés impuestos por el cine de Hollywood. Pero lo que me interesa de la película, podría atreverme a decir que estamos ante una de las mejores obras de la presente década (con permiso de "Paranoid Park", "Inland Empire" y "Millon Dolar Baby"); es sin duda el tratamiento tan refinado de las elipsis y el manejo del tempo dentro del plano. Gray es capaz de emplear tomas largas, alternándolo con un montaje más quebrado, huidizo si me permiten la palabra: como es el caso de la secuencia de apertura que nos describe al personaje con una poesía increible. Es uno de los filmes mas dolorosos que he visto en mi vida, sin embargo, no fue capaz de arrancarme una lágrima porque precisamente, las buenas películas son las que te dejan un nudo en la garganta.

Llevo un par de días pensado en porqué adoro "Two Lovers", supongo que tiene que ver con el deseo, la imagen del fotógrafo mirando a una Paltrow en un primer plano enorme (atentos a la escena entre los dos del restaurante); enorme por su expresión, por la toma de cámara, que es la perfección encarnada como si algo de Chaplin o de Grifitth avitase en el cine de Gray.
Supongo que también es porque "Two Lovers" es una película equilibrada en su forma y en su guión, pero es lo suficientemente libre como para que nos olvidemos del guión.
Supongo que también es por sus personajes, que son como pequeños heroes de western atrapados en otro tiempo. Como en "Paranoid Park", los tres giran sobre su propio eje sin solución ni final...
Hay otra escena que no desvelaré, que habla mucho sobre los recuerdos y sobre como una persona habita en nosotros. Los pies de Phoenix, borrando sus huellas en el mar bajo la luna de Nueva York, me hacen pensar en "La fuga" de Proust cuando rememora la ausencia de Albertine. Pero también en la referencia para cualquier filme que hable sobre el amor: Vertigo, de Hitchcock, es la búsqueda de un rostro en todos los rostros. O lo que es lo mismo, la búsqueda del amor en un sólo rostro.
El mismo que Phoenix realiza en su itinerario a lo largo de esta bella película.

martes, 11 de agosto de 2009

Efterklang. Agrupación danesa:
Hipnóticos, oscuros, románticos. Es uno de los grandes descubrimientos de este año, desde entonces no viajo sin mi MP3 lleno de sus melodías rotas.
Os dejo con uno de sus temas. Mi favorito. Me recuerda a las películas de Tarkovski...

lunes, 10 de agosto de 2009

Fenomenología de Coppola

Ya no me queda ninguna duda, ha rejuvenecido. Tiene la intuición de un niño en la mirada de un hombre. Es Coppola: el filósofo, el humanista. El artista de nuestro siglo.
El que como Ford evoca poesía sin estridencias. Las imágenes de Coppola son exactamente eso: imágenes. -No es lo mismo una imagen justa, que justamente una imagen, dice el axioma godardiano...
Ayer "justamente" tuve el placer de ver "Tetro", con algo de nostalgia por asistir a un cine medio vacío de un Madrid que no parece añorar al hombre que una vez filmó "Malas calles" o "La conversación".
"Tetro" es como volver a los orígenes de un cineasta que vive entre el viejo fotoquímico y el nuevo sueño digital: entre Welles y Corman (su mentor) entre "Las zapatillas rojas", y aquellos super 8 tan puros y cinéticos. El filme es apabullante y me rindo ante la belleza de sus encuadres: enérgicos, entregados y desnudos por la inmediatez que ofrece el HD: atentos a las secuencias que se refieren a la recreación de la familia, constituyen la única parte del filme en color y con cámara en mano. Consiguiendo así que formemos parte del drama familiar.
Presten atención a la interpretación de Klaus Maria Brandauer bajo la brisa de la playa mientras le niega a su único hijo su vocación. Su única vida.
Cuando lo niega parece decírnoslo a nosotros.
Y Vicent Gallo... En su rostro habitan todos los rostros del cine, y sus manos, ásperas como las de un pintor que se pasa las horas frente a un lienzo en blanco esperando encontrar la verdad, son ejecutoras de libertad. Navegan contra el tiempo con la misma precisión que tiene el artista de escribir con su cámara como el novelista con sus pluma. Así es Tetro.
"Tetro "es Coppola y Coppola ha dejado de serlo para recordar quien fue.
Podría haber rodado otra cosa ¡Es Coppola puede hacer lo que quiera y cuando quiera!...Sin embargo, opta por adentrarse en si mísmo, exponiéndose una vez más sin pudor. Y eso le hace tener la intución de un niño en la mirada de un hombre.
Por eso su cine está hecho con sinceridad, con pasión y vehemencia. Y "Tetro" será recordada por lo que es: una pequeña película que supone el nuevo triunfo de uno de los mayores titanes de la historia del cine.